LA LUCHA POR LA LIBERTAD APAGADA POR LA BURGUESÍA Y LA ARISTOCRACIA APOYADA POR GOBIERNOS CORRUPTOS 3 UNA GRAN MENTIRA LAS F.A.R.C. EN COLOMBIA

Cuando una revolución, comienza por una lucha por la libertad y para lograrlo se usa cualquier metodo, desde delincuencia común, hasta narcotráfico y paramilitarismo, en el camino se prostituyen y terminan siendo más abusivos y criminales que el sistema al que juraron derrocar, para beneficio del pueblo.
Al pasar los años, mientras más dure esta situasión, más dificil será que las personas que participen de ella vuelvan a su vida normal.
Existe un aprovechamiento de estas situasiones, como lo ha hecho la guerrilla colombiana y la mexicana, en la que delincuentes comunes y narcotraficantes usen el nombre de revolución para crear imperios internos, que en vez de ayudar a los pobres, al pueblo, su único afán es el mismo de la burguesía, y la aristocracia, la cual es llenarse de riquezas y de poder para dominar a un grupo de el pueblo pobre y aprovechan de la ignorancia del mismo para mantenerse en poder y no importa de que manera.
La Revolución colombiana después de 50 años, lo único que ha logrado es muerte de cientos de miles de civiles, de expatriados, se ha comprobado que es el país que más exilados tiene en el mundo, unos voluntariamente, otros huyendo de la guerrillas, y otros huyendo de los paramilitares dirigidos por la burguesía y la aristocracia, apoyados por el propio gobierno, el que no se preocupa realmente por el pueblo y se dedica a defender a los grandes terratenientes quienes son los responsables de millones de campesinos expulsados de sus tierras para dar lugar al cultivo de coca.
Y como siempre estos gobiernos corruptos apoyados por los imperios, por que el negocio de la cocaina es el más rentable a nivel mundial, y en este camino Colombia se convierte el el mayor país productor de droga y los imperios se convierten en los más grandes consumidores de droga, y, entonces en negocio es redondo.

El Centro Nacional de Memoria Histórica tiene registradas, desde 1991 y hasta 2012, un total de mil 983 masacres en todo el país con un saldo de 11 mil 751 víctimas mortales. Aunque cada uno de los mil 982 casos es un doloroso recuerdo para decenas de familias, hay siete eventos que por su nivel de salvajismo han marcado la historia de Colombia.
Bogotá D.C. febrero de 2014 (Prensa senado).- La masacre de las bananeras, perpetrada por la fuerza pública en contra de los trabajadores de la United Fruit Company, en Ciénaga – Magdalena en 1928, marcó una era. Sesenta años después, en 1988, la masacre de Segovia – Antioquia anunció la racha de sangre que se veía venir con los “paramilitares”, violentos grupos armados al margen de la ley, que durante 15 años consecutivos sembraron el terror en gran parte del territorio nacional, sin dejar de lado, por supuesto, las masacres cometidas por las guerrillas de las Farc.
Segovia Antioquia: 25 años de lucha contra la impunidad
El 11 de septiembre de 1988, hacia las 11 de la noche, un numeroso grupo de hombres armados que se movilizaban en cuatro camperos entraron al casco urbano del municipio de Segovia, departamento de Antioquia, y abrieron fuego contra la población civil; el saldo de la incursión fue de 43 muertos y 45 heridos. Esta masacre fue cometida por redes criminales articuladas por miembros activos de la Fuerza Pública que operaban en la región, Ejército y Policía, en asociación con civiles y grupos paramilitares.
El municipio de Trujillo – Valle del Cauca, ha sido escenario de una violencia múltiple y continua. Entre 1988 y 1994 se registraron varias masacres que, según familiares y organizaciones humanitarias, dejaron 342 víctimas de homicidio, tortura y desaparición forzada. Actores de todo tipo confluyeron en un cuadro de horror que aún hoy sacude la conciencia de sus pobladores, en medio de la más aberrante impunidad.
El Salado fue estigmatizado como pueblo guerrillero en medio de la polarización política por el proceso de paz entre el gobierno Pastrana y las FARC. La masacre de El Salado fue perpetrada entre el 16 y el 21 de febrero del 2000 por 450 paramilitares, que apoyados por helicópteros, dieron muerte a 60 personas en estado de indefensión. Tras la masacre se produjo el éxodo de toda la población, convirtiendo a El Salado en un pueblo fantasma. Hasta el día de hoy sólo han retornado 730 de las 7.000 personas que lo habitaban.
Bojayá: Lo que nunca debió ser
El 2 de mayo de 2002, 79 personas murieron (entre ellos 48 menores) luego de que guerrilleros del Bloque Jose María Córdoba de las FARC, lanzaran un cilindro bomba contra la iglesia de Bellavista (casco urbano del municipio de Bojayá), durante un enfrentamiento con paramilitares de las AUC. Este crimen de guerra evidenció la violación de todas las normas del Derecho Internacional Humanitario por parte de los grupos armados, así como las fallas del Estado colombiano en su obligación de velar por la integridad de esta comunidad.
La Rochela: Memorias de un crimen contra la justicia
El 18 de enero de 1989, cerca al corregimiento de La Rochela, en el municipio de Simacota – Santander, fue perpetrada, por un grupo paramilitar en alianza con narcotraficantes y algunos miembros del Ejército, una masacre en la que murieron 12 de un total de 15 funcionarios judiciales que investigaban varios delitos en la zona.
Bahía Portete: Mujeres wayuu en la mira
El 18 de abril de 2004, cuarenta paramilitares aproximadamente, entraron a Bahía Portete, alta Guajira, y con lista en mano torturaron y asesinaron a por lo menos 6 personas, cuatro de ellas mujeres. Profanaron el cementerio, saquearon y quemaron varias casas, lo que generó el más grande de los desplazamientos forzados de la población Wayuu a Maracaibo – Venezuela. Este caso ilustra un patrón de violencia y tortura sexual contra las mujeres, como mecanismo para arrasar y doblegar a miembros de un grupo étnico.
Mapiripán
La de Mapiripán – Meta, es una de las masacres enigmáticas en la historia reciente de Colombia. En cinco días, entre el 15 y el 20 de julio de 1997, paramilitares enviados por Carlos Castaño desde Urabá, habrían torturado y asesinado, según él mismo lo dijo, a 49 personas (la mayoría de los cadáveres, presuntamente arrojados al río Guaviare, nunca aparecieron). La llegada y tránsito por esa región del Meta de este grupo, habría contado con la complicidad del Ejército. Por esta masacre la justicia colombiana condenó a cinco militares, entre ellos al general Jaime Humberto Uscátegui, a 37 años. En 2005, la Corte Interamericana obligó al Estado a pagar más de tres millones de dólares a familiares de 20 víctimas, las únicas identificadas entonces.
Publicado 17th February 2014 por Olivia Osorio

Aquí una visión de la verdad sobre los revolucionarios en Colombia.

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