CUENTOS DE BARRIO O SEA, ME LO CONTÓ UN VECINO II

Esta vez nos vamos en nuestros recuerdos al extremo norte de la provincia del Guayas.

Esto que les voy a contar ahora ocurrió, en la hacienda La Linda, cantón Balzar.

Yo vivía en la gran ciudad, pero mis vacaciones siempre las pasaba en el campo, a donde teníamos familia, tanto en la provincia de los RÍos, como en Balzar.

Esta ocasión, me decidí ir a Balzar, ya con mis 17 años de edad, y comenzábamos mis primos y Yo a nuestras aventuras de juventud.

Después de los consabidos consejos y reprimendas de parte de mis tíos, que a menudo, lo de siempre, no salgan de noche, algo les va a pasar, y por último, se les va a aparecer el diablo, eso era normal de nuestros mayores.

Para llegar al pueblo de Balzar que estaba ubicado a unos 5 kilómetros al sur de la hacienda La Linda, usábamos bicicletas, porque en ese tiempo no teníamos auto, y no podíamos esperar transporte colectivo, que no existía en ese tiempo por las noches.

Después de habernos divertido durante toda la noche en bares y salones de billar, que eran las diversiones normales en esos tiempos, entonces decidimos regresar a casa.

Veníamos pedaleando nuestras bicicletas con dirección a la hacienda, e íbamos conversando muy alegremente, hasta que por la mitad del camino, mi primo dejo de pedalear, y me dijo “primo pare de pedalear, no haga ruido”,  dejamos de pedalear y en el silencio de la noche, escuchamos el pedalear de varias bicicletas siguiendonos.,  al mirar hacia atrás, vimos varios ciclistas siguiéndonos pero eran siluetas borrosas, las que no podíamos identificar en la penumbra de la noche.

Lo primero que pensamos era que eran ladrones que en ese tiempo se habían multiplicado y comenzamos a acelerar, tratando de poner distancia entre ellos y nosotros, pero por más que aceleramos los otros se acercaban más.

Al último momento cuando nos creíamos muertos, nos caímos de las bicicletas y los supuestos ladrones, que se habían convertidos en unos seres casi etéreos, y lo único que pudimos ver fue una bicicleta manejada por un espectro y en la parte posterior o sea en la parrilla iba un demonio, y al pasar sobre nosotros simplemente desaparecieron dejando una espesa neblina y un pesado olor a azufre, perdimos el conocimiento y nos despertamos ya con la luz del dia. 

Al despertar mi primo solo me dijo, “primo creo que era la muerte en bicicleta y el diablo en la parrilla”.

Pasaban muchas cosas raras en la zona de Balzar, pero para nosotros fue la primera.  

Yo regresé a mi ciudad, pero después de algunos meses mi primo cayó enfermo y terminó sus días en un sanatorio para enfermos mentales.

De estas historias o cuentos no existen pruebas, solamente la palabra del que me lo narra, es por eso dejamos esto a su consideracion si podría ser verdad.

—Valente Delmar—

Publicado por Valente Delmar

Comentador social y político, y narrador de historias.

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